El justo florecerá como la palmera; Crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, En los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes, Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, Y que en él no hay injusticia. Salmos 29:12-15
Autor: Desde hace un tiempo atrás el Señor me puso un sentir por el versículo que dice: floreceremos como las palmeras, por lo que me tomé la tarea de investigar sobre las palmeras y pude aprender que nacen en el desierto, ahí se desarrollan, florecen y dan fruto.
Algunas características de la palmera y las que más llamaron mi atención son las siguientes: Son de clima caliente, crecen hasta los veinte metros de altura, en su corona tienen sus flores y sus frutos. Tienen cientos de raíces y todas van en direcciones opuestas y se entretejen. Estas tienen hasta sesenta metros de profundidad y al ser tantas son resistentes y fuertes, por lo que pueden soportar grandes pesos. También las raíces tienen la tarea de absorber el agua que esta necesita para poder vivir. En su tronco hay dos cortezas, una externa que es fuerte y la protege y una interna que es blanda o suave. Cuando el tiempo es ventoso o con torbellinos la corteza blanda hace que la corteza dura se moje para así poder hacerla flexible y elástica. Las hojas reciben las radiaciones solares para así poder verse lucidas y brillantes. Eso evita que cuando sea de noche y el clima pasa de más de 40 grados centígrados, a 2 o 3 grados bajo cero se les pueda pegar en sus hojas humedad, hongo o arena.

No todas las palmeras florean igual, algunas lo hacen una vez al año y otras dan flor hasta cinco veces al año. Para que pueda ocurrir el proceso de dar fruto, se tiene que liberar una sustancia que solo aparece cuando se sacude muy fuerte el tronco. Entonces esta sustancia llega a la cima y se produce el fruto.
Podemos aprender de esta planta, que por naturaleza ella debe de crecer, si o si, a pesar de las adversidades, de los vientos, de estar cimentada en un terreno arenoso y aun así se desarrollará con éxito, crecerá, florecerá y se sabe que una planta por haber floreado ya está consolidada, que sus raíces están arraigadas, manteniéndola firme en todo momento y que sin lugar a dudas el fruto se dará.
Ahora sí podemos entender por qué el Señor nos compara y nos dice que floreceremos como la palmera. Debemos estar firmes en nuestros pensamientos, en que el señor nos apartó y aunque venga el tiempo difícil él siempre va estar ahí para nosotros. Debemos de cuidarnos, no contaminarnos, vestirnos siempre como dice la palabra con la armadura espiritual. Recordar que en este versículo el Señor da esta promesa al justo y justo es aquel que vive por fe, diligente en obedecer la Palabra de Dios.
Recordemos que el desierto no puede secar la palmera, porque ella fue creada para vivir en allí. La escasez de lluvia no la mata porque sus raíces están tan profundas que ella se encarga de obtener el agua que necesita. Los torbellinos no la pueden derribar porque su tronco es flexible, el sol no la quema porque su corteza externa es tan fuerte que no lo permite y por las mañanas se prepara para cuando venga la noche sus hojas no se pudran. Su fruto permanece resguardado entre sus hojas, del calor, del agua y del viento.
Fuimos diseñados para vivir de triunfo en triunfo, teniendo nuestro corazón siempre puesto en las cosas del Padre, esforzándonos por llegar a la estatura del varón perfecto y siendo diligentes en florecer y producir mucho fruto. Nuestras pensamientos, palabras y acciones, deben siempre expresar corazones agradecidos con nuestro Señor, que nos considera como palmeras que permanecemos en pie, fructificando sin importar las circunstancias de la vida.

Excelente enseñanza….
Que tremendo como el Señor nos compara con las palmeras.
Me ministro mucho el saber que cada una de las funciones o características de las palmeras, como están diseñadas con un propósito el cual se resume en poder mantenerse firme para llegar a dar fruto.
A pesar de todas las dificultades del entorno en el que vive, logra sobreponerse y siempre tiene un método de defensa o respuesta para seguir adelante, así es como debemos de ser los hijos de Dios cuando estamos fortalecidos por nuestras raíces que son en Cristo Jesus.
Lo que más me llamó la atención de la palmera fueron sus raíces, como se entrelazan y van creciendo dándole el soporte necesario a todo el árbol, es ahí donde sus nutrientes se esparsen para alimentarla dándole vida, a pesar de encontrarse en un clima adverso, árido, seco y muy caliente tiene la capacidad de florecer consolidando con ello su proceso final o su madurez.. Excelente mensaje.